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El gato gordo e ingrato

Fidelidad el nudo de la conciencia y la razón, felino mal acostumbrado.
Seamos honestos, ninguno de los dos siente amor.
Seamos sinceros, esa indiferencia al tocarse las manos heladas del otro les está facilitando el desprecio.
Dan ganas de decir: hasta luego, adiós, hasta nunca.
Quebrantados, heridos, besándose encima de sus recuerdos, pierden cada segundo de su existencia absurda. “Bebe, bebe mucho café, bebe alcohol mucho, lo suficiente para comenzar de nuevo, mujer”. Sudan las axilas del miedo y del pánico, la ropa se hace apretada, todos observando nada de ellos, todo de sí mismos. Alguien que pueda contestar el teléfono sin desconfiar, alguien que entienda sobre los viajes imprevistos, los olores de la camisa, los silencios en cada eyaculación.


Los gestos son puntales, es imposible de controlar; cuestionemos algo sencillo y directo: ¿Qué es la fidelidad del amante fantasma? Si hoy conocen la respuesta, en carne, en cama, en boca y sus propios sudores. Mañana, es más probable que nazca el espectro de otro cuerpo, de un amante que desconocen, aparecen y arrastran la dignidad, siendo fieles al lesbianismo y al homosexualismo irónico de sus asquerosas bocas, salivas usadas, ella follando con tus mujeres, y tú, tu varonil existencia, encima de sus maridos fantasmas. (Un amor equivoco, un gato rasgando la cortina, escupiendo el plato, un gordo ingrato)
“Estemos orgullosos, engaños y risas, hay que mantener el criterio social en alto; el que dirán de su esposa y sus prendas, es mejor fingir, sin detenerse, hombre”.

Les digo algo, dos hormigas que se ahogan en su veneno amoroso en el ancho vaso de las decisiones; “la esposa no ve el rostro de su esposo, sino el de sus fieles amantes, y él, solo ve los reflejos de los  hombres que posiblemente la hubiesen hecho feliz".

Inspirado en los engaños maritales
Autor: Andrea s

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