domingo, 7 de diciembre de 2014

Antologia del desencanto a una sirena

Fue en ese entonces cuando empezó el viaje por el mar,el cual no había conocido nunca. Aquel sujeto, experimentando nuevos horizontes y dispuesto a asumir los riesgos que resultaba el tener que forjarse un rumbo incierto sin prototipos de futuro, y un etcétera de experiencias por las que debería pasar con la condición de enfrentar el destino. Esas costas desoladas y con profundas aguas que empezaban a asesinar el más tranquilo momento de su vida, la soledad y el desencanto propiciaron su presente. Afuera llovía y la historia aún no terminaba. Su cielo nublado y su ambiente árido le causaban pensamientos obscenos y terminales, aparecía borracho en las noches y romántico en las mañanas; en su rincón cada momento hablaba con su guitarra, ese idioma confuso y complicado de entender, pues ella le respondía con hermosas melodías y acordes que proporcionaban color a su paisaje pero nublaba su conciencia. Nada le importaba, su fortuna cayó en el infortunio y la necesidad de surgir iba en línea recta vertical descendente, pues los motivos y las ganas desaparecieron la última vez que intentó añadir a su instante un íntimo de sentimiento. Aquel mar en el que se encontraba aventurado, embravecido e insurrecto rompió todo el esplendor y su encantó culminó, la nave de aquel sujeto fue consumida y no quedó otra cosa que los restos de un pasado aparentemente sólido y estable, sin embargo aquel sujeto que en la desolación tocaba la guitarra, sintió que unas manos recogieron su espalda y guardaron de su existencia por un momento más. Era ella, una sirena de Ojos negros resplandecientes, sonrisa abrumadora capaz de albergar siglos de paz y alegría, silueta con el error de llegar al límite de la perfección, y una voz cantada por almas benditas y coros de milagrosos ángeles que caen el cielo añorando tan deseado cariño. Su pelo vestía hermosas flores y su mirada de aurora causaba encanto por todo el lugar, era la mujer más bella que había mirado, así la había soñado. La vida de aquel sujeto consistía en contar cada lucero del firmamento junto con la presencia brillante de su sirena, ninguna mujer en su realidad había inducido tanta esperanza en la holgada fantasía de su existencia, aunque sus vidas eran distintas nunca dejó que quererle y siempre pudo amarla con límites indefinidos. Llevarla en su corazón y mente no era ningún enigma, sin embargo el traerla consigo en materia física le resultaba un arduo trabajo, pues el destino quiso encontrarlos, pero fue cruel al no dejarlos unirse para ser feliz. Adiós sirena! Cómo hago para amarte tanto, cómo pudiste adueñarte de mis sentimientos. Con lágrimas a punto de caer de sus pupilas enfrentándose a la penosa idea de tener que encarar a lo que ahora sentía por ella, sin ella. Pensó que tal vez la muerte sabe que al final siempre alcanza a la vida, por eso probablemente él tendría una vida de ventaja, y fervorosamente cada noche en compañía de la luna y las estrellas clamaba a sus caminos las ganas de querer estar con ella un poco más. Quiso vivir dos veces en la vida: una de mentira, la otra de verdad. Equivocarse para ya no equivocarse, conocerla y no dejarla equivocar. El problema resultó inmenso cuando se dio cuenta que no podía aplazar sus pensamientos ni dejar de insistirle a su conciencia olvidarse de su amor, pues ese cautivo que lo tuvo preso estuvo presente y vivo cada minuto de su vida, y ahora no podría superar ese amor que le produjo el haberla encontrado en su existencia. Quiso abrirse el pecho y regalárselo. En la mejilla estampada el retrato de aquella sirena, y en sus labios marcados los besos que una noche florecieron de un amor corto y efímero que tuvo lugar en una de las mejores partes de su vida, esos recuerdos que lleva adheridos a su mente como el oxígeno a su sangre dan aliento a la tristeza y nostalgia crónica. Sus deseos afligidos lo llevan a cavilar que si todo es mentira, en la próxima vida, quiere volverla a ver...Melitza.C “Adiós sirena”... Autor: Francisco Diaz

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