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Obsequio

Cuando era niña, tenía la manía de seguir el circulo vicioso de mis pasos, imagíname dar vueltas y vueltas en la misma columna meada de perros, contar de 1 al 5 en repetidas ocasiones para mantener la calma, sin tener trenzas por el cinismo de escapar de las manos suaves de mi madre, mantuve hacia mí la costumbre de repetir las mismas mentiras que me lastimaban, simplemente egoísta, no tuve el valor de darme cuenta que mis vacíos eran cráteres que yo misma cavaba al pasar los años, que el sueño de volar e irme lejos eran posibles si metía mi cabeza de lleno al alejarme de lo que me ofrecían con amor, de no saber de nadie, de ser malagradecida, de no valorar lo bello que pudo ser mi crianza, porque me empeñe a ser egoísta, salir huyendo en situación de crisis; y ahora me miro frente al espejo, han pasado muchos años, me miró fijamente y en mis ojos vi el miedo más grande de perder a tus seres amados ¿de verdad demostramos que los amamos?, alejarme de aquellos a quienes les negué tanto, por quienes estaba dispuesta a reemplazar con cualquier propuesta extranjera, a quienes ignore la mano por la terquedad de caerme, sin tener ni siquiera la voluntad de levantarme; ahora con el cabello humedecido, me miro al espejo interrogada del ¿porque tuvo que pasar así?, reconociendo avergonzada que las experiencias se viven al lado de gente que realmente vale la pena. Quisiera dar lo mejor de mí, repartirme de a trozos, para no lastimar a nadie, porque aprendí amar hasta los animales, porque me duele y siento algo que se estremece dentro, que brota, que surge, y sé que se llama amor; sobre todo quiero estar bien conmigo misma, hacerme feliz, sonreírle a medio mundo, y ser sincera con la otra mitad. Cuando era niña, no supe establecer esa conexión, que hoy en día me cuesta desprender de ellos, tan delicados y vulnerables con el pasar de los años, sin embargo más sabios, Dios sabe que estoy frente al espejo mirándome y reconociéndome; porque no hay que esperar tanto para ser mejores personas. A veces nos frustramos, quisiéramos darle lo mejor a nuestros hijos, darles los mejores detalles que a nosotros nos negaron, darles los mejores sueños propios, los mejores instantes, gracias a esto, llorar a solas o a veces no hacerlo, porque somos el reflejo de fortaleza de ellos, darles la comprensión y el tiempo, darles los buenos días, y las buenas noches, llenarlos del lujo del conocimiento, darles eso que nos negaron, darles con amor lo que nos enseñaron, evitar marcas, heridas, evitar frustraciones, que maldicen nuestras raíces y nuestros frutos, siendo así, cuando no sucede nos enfurecemos, no hallamos la manera de hacerlos entender, espantándolos para siempre. Es así, cuando nos escondemos bajo la delgada capa de los gritos, las palabras y los insultos, que jamás nadie borrara, que nadie jamás sanara, que nadie jamás quitara. Cuando era niña mi ingenuidad me cubría de inocencia, mi curiosidad me aventuraba a un mundo nuevo, sin saber aún muchas de las cosas que me esperan, quisiera pasar el resto de mi vida descubriéndolas con amor, es la mejor forma que nos asegura caer para ser levantados, equivocarnos sin frustraciones que florecen con cada recuerdo, el amor nos asegura permanecer en tanta oscuridad, si volviera a ser lo que fui, apuntaría en mi ventana la palabra que tanto me costó interpretar, que tanto me costó sentir; el regalo mas hermoso que me dio Dios…Autor: Andrea s

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