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lunes, 3 de agosto de 2015

Conversión desproporcionada

Le di la espalda.
No sé que dicen mis ojos, mucho menos sabré que dicen los tuyos, el sentimiento de irrealidad crece. Parece una alergia incurable que carcome mis pies al intentar dormir, no puedo crear y pensar en amar, cuando el único objetivo es odiarte, dejándonos de extremos, intentar no recordarte, pero al hacerlo, lograr pasarlo por alto, tan alto que no toque el borde de la cama, ni las orillas del techo. No sé que dicen tus gruesos labios, no me preguntes, no sabria que decir, no reconozco mi voz, mucho menos leeré las sílabas de tus mejillas. No te rias mucho conmigo, que no conoces mis intenciones, y si  renuncias al amor tal vez me llegué a enamorar de ti, no pronuncies te amo, no lo diré, no hasta que te agotes del animal que soy. Todo esta tan planeado por ambas partes, que sabía que este día llegaría, en el que me preguntarias ¿qué hicimos? ¿como llegue contigo, a tal punto? ¿dónde me he metido, que ya ni zafarme puedo?. Fue el mismo monstruo insaciable de carne putrefacta, fue el mismo de siempre, el que se va de vacaciones a las islas del caribe, vuelve sonriendo con un ramo de rosas, que marchitan tu piel, se comen tus hiperactividades y calvean tus bigotes. Al parecer no queda más que decir, si al sentirte dentro, no puedo mirar correctamente ninguna de tus lencerias, tus ojos, tus orificios, no puedo percibir tus perfumes, tus aromas, tus destellos, no puedo cantarte al oido, sin pensar en mis errores, en tus golpes, en tus gritos, no puedo acariciar tu piel, tu boca, tus muslos, no puedo, no debo, no quiero, no me provoca. No sé que dice tu carne, no entiendo la danza frente al espejo, frente al retrete, frente a la luna, no me provoca, no quiero, no debo, no puedo. Trate de beberte más lento, más suave, pero aún así no comprendo porque me acerco al borde y me das la espalda...Autor: Andrea s

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