viernes, 10 de febrero de 2017

Tributo al Orgasmo

Me considero fanático del orgasmo femenino, es simplemente exquisito, enloquecedor, excitante, sublime. Tenerla frente a mí masturbándose o estar dentro de ella penetrándole intensamente, fuertemente, para hacerle sentir esa ola de placer inconmensurable, de placer infinito, de sensaciones indescriptibles que se adueñan de su cuerpo en el culmen de intensidad sexual que dura sólo segundos, pero que tan sólo segundos te hace perder la razón. Infierno fulminante, paraíso divino, el placer más intenso que la mujer pueda sentir, ¿cómo no enloquecer ante este acto? Que se apenen los pobres de mente, hipócritas que guardan el deseo y el placer para esconderlo bajo una falsa moral que tiran a la basura al llegar a casa y poner en la computadora videos de pornográficos y fotos de mujeres desnudas, que a los únicos que engañan es a ellos mismos y a la naturaleza humana. Yo amo ver a la mujer desnuda, sin complejos, ni ataduras morales, conocedora de su cuerpo y de su mente, que no tenga miedo de mostrar ante el hombre, debajo y por encima de las sábanas todo lo que tiene, lo que es y lo que siente. Me encanta sentir y observar como el clítoris se contrae, como su cuerpo se sacude, sus pezones endurecen, el corazón se acelera y las pupilas se dilatan, la piel se eriza, los espasmos aparecen, gritos y gemidos incontrolables armonizan esa explosión de deseo y placer que resulta en la segregación de ese líquido de exquisito sabor, maremoto sensual que culmina satisfactoriamente con la relajación y el sosiego. Si me han de señalar, de colgar, de crucificar, que lo hagan. No me cansaré de decirlo, amo el orgasmo femenino, el sabor de ese néctar, de ese líquido blanquecino. 
Autor: Anónimo

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