domingo, 24 de julio de 2016

Contrapoema

Anochece
dispuesta y disuelta
el cabello se suelta.
La noche erecta y recta
en el recto temblor
de la soberana del gemido
titila en mis manos
como una cenicienta
sedienta de manzanas prohibidas.
¿Que tanto son mil días,
para pervertirla y convertirla
en desopilante hembra?
¿Qué tantas horas
pueden al revolverse
y disolverse la luna en las olas
en el justo instante
en que nos arrancamos los vestidos
y perdemos la compostura
de ciudadanos ilustres
y además
mandamos al carajo
los persistentes
y decentes principios
que al principio
nos acuñan?
¿Qué tantos pueden ser
40 y tantos calendarios
mirando crecer sus pezones
frente al espejo
y ninguna flor se dilapidó
el día que la desfloraron
sobre la mesa del comedor
después de la cena?
(Que renazcan las mañanas
cubiertas con sus rizos
y sus risas de sexo severo
y nos devuelvan, desposeídos,
a la nueva noche
donde vienen anunciadas,
como viciosas efemérides,
el alud de sus caderas
a empotrarse en la mente
de los machos
y a beber leche de furia
y marea).
Amanece.
Huele a Aurora de luna quemada.
Envuelto en sus brazos de esponja.
El chocolate adquirido
para la buena ocasión
resistió
en el bolsillo del pantalón
tirado en el piso
y los claveles,
con una esquela
donde afloran cinco versos
de mala ortografía,
despuntan marchitos
encima del mesón de la cocina,
porque, ¿para qué más pétalos
y tallos inertes,
si tiene entre tus piernas
un jardín completo
de Astromelias
donde me hace ser
macho
y tierna bestia?
Hoy.
Precisamente hoy,
no creo en la equidad de los sexos,
porque, de solo pensarlo
se destempla la pedernal inmodestia
y la dejo abierta
con un incendio de afilados dientes
al filo de la cama
como un río derramado
sobre la ladera
y antes
que lo uno o lo otro, suceda
te hago mía
contra todas las teorías
contra el mundo bocarriba
y contra el cielo bocabajo
y contra la pared de las horas
colgadas a la media noche
donde ya no cuenta, saber
qué día es
o si es ella

hembra o tierna fiera...
Autor: Nicolas Martinez

jueves, 14 de julio de 2016

Fin del capítulo

Solo se escuchan los cantos  de los pájaros en las ramas de los árboles, solo se ven las hormigas rojas que atemorizan a los turistas locales,  solo se ven las ardillas en las ramas largas de las ceibas,  solo se escuchan a los niños jugar, correr, reír y saltar,  solo se saborea el delicioso sabor de los helados que refrescan las lenguas de las personas del parque y aun así, todo se ve precioso. Un paisaje adornado del espectáculo de las aves volar, todas en dirección al maíz.
La Cabeza puesta en  marcha, pensando en las nubes del cielo, en el vaso de tinto después de un helado,  en la decisión de vivir sola
 disfruta de la danza de las aves, de norte a sur, de oriente a occidente. La joven cierra sus ojos despacio, rascando su mano derecha donde al parecer la picó un hormigón rojizo, ella sonríe,  no sé si por la picadura o por un recuerdo pensando en él...Autor: Andrea s