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jueves, 1 de enero de 2015

PIEL CON PIEL

Las historias de amor, pasión y erotismo, ya están escritas o narradas, mayormente son las que hablan de la penetración furtiva del amor, muchos las conocen, algunas simplemente siguen el modelo de dicho escritor y otras aburren leer, desde el principio hasta su decepcionante final; “Me doy por vencida”, mi escuálido cuerpo no logra captar la diferencia de escribir y narrar para un ser u otro, a lo que me refiero es que hay un libreto para cada novela. En mi caso, hay millones de libretos vírgenes que me gustaría explorar en el cuerpo de un hombre, su contextura es perfecta, un hombre formado en diversas cualidades que me vuelven más temblorosa y nerviosa de lo que tiendo a ser, me niego a sus rechazos, me niego a seguirle la corriente de los cambios repentinos, me niego a escuchar sus frases tontas de algún defecto, su altura, su porte, aunque no tiene equilibrio en ciertas partes de su cuerpo, tiende a resbalarse sínicamente, a pisar a la gente con destreza educadamente, a derramar frascos que se encuentren literalmente cerca, suele también perder la mirada en los platos de los comensales allegados, miope de los reseñas femeninas, resultando ser excelente en la cocina culinaria por sí solo, se inspira al sacar cuentas matemáticas, un completo inexperto para comprar en los supermercados, pero con una práctica paternal se convierte en idealista, porque se maneja con una facilidad de rebajar costos, más de lo que yo podría conseguir en una sonrisa pícara y suplicas en vano, complaciente a mis ojitos mimosos de querer las cosas, realista de cuando no se puede no se puede, pero hace todo lo posible para dármelo, por eso no tengo miedo de un presente prematuro con él, aunque no me crean, es un ave libre y no puedo aprisionarlo en mis necesidades antes del tiempo, no resultaría, sacándome en cara el descarado tema que le impongo de nuestro destino, me gusta verlo deseoso porque sea solo suya, empiezo a insinuarle sobre nuestros distintos rumbos, me dan ganas de hacerle historias de amor, esas que la gente está cansada de leer, escuchar y ver, pero para mí bastaría que a él le sacara una sonrisa de lector camuflado, con cada musa que me regala hago castillos florentinos, finos espectáculos en mi cabeza, enormes utopías de realidad en mi teclado, tan solo al verlo, me siento sonriente, un ánimo furtivo de abrazarlo con fuerza, me siento segura y me atrevo a decir que puedo desnudarme de los pies a la cabeza sin sentir miedo, me refiero a hablar de mis sentimientos naturalmente sin esperar el cuestionamiento que provocan los ataques de pánico, la única forma de taparme y sonrojarme es estando frente a frente cuando el temor se aprovecha de mi encantamiento amoroso, como si cada vez hubiese una primera vez, cayendo frágilmente en su regazo, siendo devorada por su curiosidad, apetito insaciable, deseo que crece y no cesa, soy feliz. Tengo tantas cosas bonitas que me nacen, en el preciso instante que lo tengo cerca, me dan unas ganas de expresarle sin tanta calentura, lo enamorada que me siento, pero termino diciendo tantas barbaridades a la vez, obligaciones, responsabilidades y sustos posibles, igualmente me pasa cuando voy a escribir, no entiendo si le agrada a alguien tanta mierda que a veces suelo decir; el pernicie de colocarme abajo o encima de su mirada, no es tan complejo, como el pedirle con los ojos maquillados de coraje que se quede otro rato más, para que me siga demostrando lo que dice, y las ganas de tendernos para dormir. En cada uno de los lugares donde nos encontramos, finjo esperar, controlarme es un complejo que vivo a diario, le pido a Dios que le de fuerzas, entusiasmo y sinceridad para que en estas historias no falten halagos, estoy tan llena de su presencia que no necesito a alguien más, nadie podría comprender la clase de felicidad que he hallado en su existencia, que aún no hemos llegado a viejos y le temo a perder otro instante. Siempre supe el concepto de sus gustos, pero eso no me detuvo para enamorarle, como cualquier mujer que ve pasar por la calle al prospecto de sus suspiros. Pude contar los centímetros que nos obligaban a estar separados, la ropa era el único obstáculo de no permitirme recostarle más de lo que le andaba provocando, pudiendo hallar un placer finito de coquetearnos más allá de lo que se es permitido, mis ojos lo veían con admiración deseable, de esa clase de provocación incontenible de dejarme tocar uno a uno de mis criterios personales, parecíamos tan fugitivos de amarnos sin medir las consecuencias. Era tanta la intensidad de sus besos en mi cuerpo, que estaba a punto de pedirle que se escondiera en algún lugar de mi casa para que saliera fugitivamente desnudo a mis prejuicios, el parece no entender que cuando estamos juntos, mi mundo radica entorno a sus gestos, su palpitar y la forma correcta de alzar la ceja izquierda. Pronuncia mi nombre sobrepasando los ánimos de un tema que se debe tratar con seriedad y prestar atención, pero mientras él se enoja, yo suelo mirarlo deseosa de escuchar mi nombre en versión gemida, guardo la esperanza de ser el prospecto de mujer que lo enamora; Tiene esa clase de cuerpo que no hace falta destapar en lugares públicos, pero que son fáciles a la hora de meter una mano por una dentro de la camisa para poder desgarrar la espalda con manos pequeñas y sin uñas, mientras le acaricio y le besó, acciones de amor que no cualquiera puede entender, no cualquiera merece tener. Me declaro dueña de los pedazos de unión de tus superficies, ya que cada molécula conoce el placer de mis labios empapados y el gusto entero de estar piel con piel…Autor: Andrea s

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