miércoles, 13 de noviembre de 2013

“En la fábrica de mi maestra”

“Erase una vez”… así empezaba una historia que pretendía escribir con tinta negra para el chico de los ojos azules, mientras estaba ocupada en mi relato, oí una delicada voz que surgía de la puerta principal en el aula de clases. ¡Buenas tardes! Exclamo, Una pequeña con el nombre de Kelly Mc’ guiver mientras cruzaba la puerta de aquel humedezco salón de clases, la niña tan solo con 12 años sin aparentarlos, Con su demacrado rostro me mostraba otra edad, ¿acaso ocultaba una historia ignorada por muchos de los compañeros, a excepción de mi descuidada percepción? con dos trenzas de color oro puro, Solo con pocos años ya me demostraba una inteligencia sobrenatural. Me regalo varias de aquellas sonrisas encendidas y cómicas por las bromas de mal gusto hacia el conserje Frank, un veterano ilusionista, que parpadeaba leyendas de sus estaciones vigorosas frente a la hora de los combates, y batallas en la década de los 70; semanas tras semanas surgió en mí, las respectivas dudas e interrogantes que me indagaban sobre el hogar lleno de sueños rotos y fracasos, que me narraba Kelly, a la hora del descanso, cada tarde frente al salón de ballet intocable de la señorita Sofía. Aquellos Deseos que simulaban lanzarse a los sótanos, apresurando su rumbo a decirme que ella estaba dispuesta a retarlos. Sin tener en cuenta la burla en aquellos años de supervivencia de la primaria, En aquel tiempo se proyecto también hacerse la idea de ser una persona común en la monótona sociedad. Con su increíble forma de captar las miradas, Ya presentía echar un vistazo a la exigencia de una ternura obsoleta de Kelly. Al entrar en ese inhóspito salón, me di cuenta que la palabra “Erase una vez” ya no podría estar en mi vocablo, los años pasaban y me daba cuenta de la cruda realidad, me empecé a cuestionar ¿por qué mal gastaba mi tiempo ignorando lo que pasaba a mi alrededor? Kelly reflejaba en mí, un temor de los conflictos fuera de la puerta de mi casa. Y allí estábamos Kelly y yo “en el taller de mi maestra” mientras valoraba la creación de Dios, en su diario existir. Después de tantos trastornos y maltratos físicos recibidos en las costumbres de llamarla huérfana, por el simple hecho ser simplemente una desplazada, ya Kelly cumplía 17 años de edad eso la inspiro para permanecer en la humanidad. Escribió tantas poesías como pudiese y trato de llevar un mensaje de apoyo hacia los vulnerados por la violencia, y Kelly Mc’ guiver sostuvo su pensamiento gracias a las terapias y clases de la profesora Sofía y su intocable salón de ballet. No solo comprendía, sino que enseñándome me retribuyo el pasar de los años, y en esas grandes admiraciones mi permanencia crecía ¿Cómo podre olvidar los momentos que tuve que rescatar su opaca mirada? ¿Cómo podre inmortalizar su desvergonzada y aturdida sonrisa, si sus ojos se cerraron eternamente en aquellos conflictos de Irak y pueblos clandestinos a este? ¿Cómo retribuirle las sonsacadas ideas para salvar la niñez en el planeta? Prometí una vez contarle mi ficción real a mis generaciones, de hablarle sobre una figura que fue tras sueños maltratados recientes desde hace décadas y de un diario día a día, lágrimas y sudor carbonizados en sangre. ¿Donde están los niños de los países subdesarrollados que sonríen? Las ultrajas y la vulneración de los derechos de los niños mundialmente. Ahora que tengo la edad de 56 años he comprendido que me queda mucho por recorrer y que mis caminatas no han sido en vano, igualmente agradezco a mi amiga colombiana Kelly Mc’ guiver quien desde niña sufrió abandono planeado por grupos al margen de la ley. Yo nunca termine de contar que el propósito de ella en mi vida, era cambiarme el destino sobre las marionetas, socioeconómicas de planes inescrupulosos de las empresas, el gobierno y el pueblo. Visite varias veces la tumba de Kelly para defender el llanto eterno desde que decidió marcharse a Asia y cubrir las expectativas de su viaje. Y hoy frente a la escuela que por primera vez la vi, frente al taburete de palo donde la reconocí, frente al salón de ballet donde una vez me tropecé con su cabellera dorada, remitía a Dios un mensaje de partida y a la semana mi espíritu divagaba por el camposanto. Ya no pertenecía a su mundo donde la carne se hace tocable; Me acerque a una mujer que cocía en una de las sillas del parque y le pregunte que hacia allí, lo curioso es que estaba con la espalda hacia mí. Y para verle el rostro la llame por su nombre y no me respondió ¿Cómo podría saber si ella era Kelly? Lo único que decido decir es que le pregunte nuevamente ¿Qué haces aquí? Esa mujer me respondió “solo vengo a ayudar a salvar el mundo” su rostro giro y sonriente me tomo de la mano, una luz parpadeante observe, me abrazo, y diciéndome que era el fin de nuestro rol, pero que para los vivientes de la tierra aun faltaba mucho por hacer, sonreí y me marche con ella hacia un bello aposento de sonrisas y niños homenajeados....Autor: Andrea S

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