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lunes, 7 de octubre de 2013

Andrea

Andrea Si me muero, que esparzan mis cenizas en el punto más alto de tu cama -que viene a ser algo parecido al vértigo de observar tu cuello cuando me cuelgo del lóbulo de tu oreja y miro ese lunar y esa clavícula y siento la insoportable necesidad de saltar como avión suicida a tus Torres Gemelas- Alquílame tu pecho para quedarme a vivir siempre ahí y que a la vez, nunca sea del todo mío y siempre tenga que convencerte para que sea yo, y nadie más, tu única inquilina. Porque contigo he aprendido que la palabra Libertad tiene su auge más alto cuando me coges de la mano y soy yo quien no quiere soltarte. Poesía no sé, pero Amor, eres tú, y parece mentira que no lo sepas. Te quiero –te digo. Te creo –contestas. Y entonces todo tiente sentido. Como cuando te explico que todo aquello del dolor era un juego peligroso y adictivo al que acabé suplicando de rodillas para que no se fuera aunque nunca llegase a existir. Como cuando te digo que desde que tú, por fin soy yo, sin máscaras ni aditivos, y que por eso ya no necesito matarme sino vivirte para saber qué es la vida y qué la muerte. Como cuando estamos en la cama hablando sin aliento sobre aquel primer beso y acabamos teniendo el mejor polvo de palabras que nunca nadie antes ha leído. -Perdona: tú me conociste como la chica triste que escribía triste sobre cosas tristes, y nunca te la he presentado: La mataste con la primera sonrisa. Ataque al corazón a mano armada. Y ya van ocho meses. Y me duele como nunca la cara de tanto reírte, de tanto sentirte, de tanto besarte. Y cómo querer entonces volver a ser triste, volver a estarlo- Así que si muero, hazme caso, esparce mis cenizas desde el punto más alto de tu cama, y encárgate de que todo el mundo se lleve un poco de lo que soy ahora para que al menos dejen de preguntarse qué es el Amor y empiecen a vivirlo de una maldita vez. Amor es querer enamorarte cada día como un alquiler de latidos en el que siempre acabo siendo yo la ocupa de tus sentimientos. El resto, que se lo pregunten a tu pecho.... Autor: Billie Jean

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