miércoles, 31 de julio de 2013

Anastasia y el trapecista

No daré noticias apresuradas, solamente me sentí confiada mientras me abrazaba. ¿Quien no?, es un apuesto joven, quien constantemente, presenta una presencia de confianza, sin darme cuenta, aquel estudiante de derecho; no tuvo derecho a robarme una sonrisa, pero atrevidamente lo ha logrado, y mas, cuando estas llorando silenciosamente, debajo de un gran árbol con colores fascinantes, con auriculares blancos, repletos de momentos, recordando lo cruel que has sido, con el corazón ajeno de un hombre sabio. Para los pasos lentos que han transcurridos, hoy me di cuenta que estos meses, no has perdido del todo tu tiempo, razones por las cuales he notado que mis historias te han dado el doble de sabiduría para tomar el control de mis actos, has aconsejado a mis demonios, al pie de la letra, ya que, la confianza de hermano mayor te la has ganado, pero reprochas ser mi amigo, o mi hermano, ¿acaso no lo eres?. Solamente te escuche unas 666.666 veces cuanto me quieres, y darías todo, y aun, insistes en dedicarme ese tiempo, sostenerme cuando me deshago de cobardía, la verdad te he mirado como una parte esencial de compañerismo, de valor, pero, hoy al tropezar y derramar mi café en tus libros de poesía, y enredar mis auriculares en tu morral, y reírnos de tanta estupidez, comprendí que me mirabas de la misma manera como el primer día de clases en la universidad, con ojos claros llenos de sincero resguardo, una protección tan insoluble y palpable. Has escuchado las malas decisiones, las malas pasadas que dejan agrias tristezas, un pasado de retos desechados, sueños rotos de una cantante, mas agotada que ayer, acobijando mas de lo normal, ¿que te pasa, porque actúas de esa manera?, sabiendo como soy yo, mis locuras, mis ánimos, mis arranques, mis enojos, y solo me miras y ríes con ternura picara, mordiendo tus labios y mirando los míos...Autor: Andrea s

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